Una vez conocí a un caballero
que con su dulce sonrisa
conseguía iluminar mi corazón.
Apuesto, galante y gentil
me narraba sus historias
de viajes al Infinito
y balanceos en el mar.
Nada empañaba su mirada
y su alma me sostenía
cuando la tormenta me visitaba.
El tiempo se detenía,
la realidad se difuminaba,
todo se convertía en sueño
pues su presencia algo tenía de
mágica y sutil.
Sus caricias eran la suave
melodia de la noche,
y sus besos, flores sobre mi piel.
Una vez conocí a un caballero
y fue un regalo
que la vida me dió.
(Mei Lan)
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