Prácticamente todos huimos de las etiquetas,
no nos gusta que nos encasillen en un determinado cuadradito
inmóvil y estricto,
en el que por descontado define quienes somos.
Huimos de las palabras que nos encajonan o que nos coarta
nuestra mas fresca creatividad
alejándonos de aquellos pasos predecibles que determinan
cada uno de los días.
Sin embargo, sin embargo
hay etiquetas que relajan, que sosiegan,
o por lo menos, nos dan pistas de en qué lugar
del mapa emocional nos encontramos.
Tal vez no nos gusta que nos etiqueten como “snobs”, “rojos”,
“conservadores”, “hippies”, “freakes”,
pero si anhelamos buscar la palabra que defina nuestro
interior, esa palabra que define quienes somos en realidad,
tras las máscaras, y qué hacemos aquí.
Tal vez, los nombres en su época mas pasada, cumplían
justamente esa función, y la gente en lugar de llamarse Pepa o
Carmen, se llamaba “corazón noble” o “ira resentida”…
tal y como hacían los indios americanos.
Hoy poco nos dicen, porque hay un millón (sino mas) de
personas que se llaman igual que uno.
Y así vamos, aunque no queramos,
buscando los nombres o las etiquetas que nos definen,,,,
intentando poner en palabras lo que somos,
para darnos cuenta, de que en realidad, no hay etiqueta posible
para nuestra unicidad.
De todas formas, como digo, seguirán habiendo etiquetas,
que molesten e incluso que insulten,
pero otras las buscaremos,
para saber en qué mundo nos movemos,
con quienes,
o simplemente, para saber si podemos saludarnos con 2
educados besos en las mejillas
o dar un largo suspiro de amor.
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