Archivos de la categoría: Tras el Velo

Encontrarás relatos y cuentos que despertarán tus sentidos. Una invitación a regalar a nuestros impulsos bellas palabras para dejar volar la fantasía.

La Pequeña Muerte

No nos da risa el Amor cuando llega a lo mas hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien, nada tiene de raro, porque nacer es una alegría

Profundo Mar

  Cuando mis ojos se convierten en un mar insondable, Inundado de lágrimas saladas Y mi corazón navega a la deriva sin velas ni timón, Me entrego a ti…. De ti nací, contigo crecí,,,, Y a ti muero Tus olas, aterciopeladas a veces, Bravas en ocasiones, Me abrazan y me sosiegan, Cantándome nanas de viejas

Ensoñaciones II

Pasearé mi lengua por tu mandíbula ascendiendo lentamente por tus marcados pómulos. Beberé las lágrimas de placer y dicha de tus ojos mientras oigo tu acelerada respiración. Te acariciaré con mis pechos, urgentes y tensos rozando con ellos tu sexo alerta mientras mis manos llenan las aberturas de tu cuerpo. Irás ascendiendo, poco a poco, hinchándose

Solo Mío

Te abrazaré y besaré hasta que tu aliento sea mio Morderé tu piel y clavaré mis uñas hasta que tu alma sea mia Te enloqueceré y gritarás hasta que  tu placer sea mio Te montaré y, cabalgaré hasta que tu delirio lleve mi nombre… Y entonces, solo entonces Me iré…. (Mei Lan)

Sueño

Ayer soñé que en tus brazos estaba, soñé que me besabas, que al oido me cantabas. Soñé que contigo soñaba y que de ese sueño jamás despertaba. Que lástima da la vida cuando al despertar comprobé que no estabas. Que jamás estuviste y que nunca estarás. Solo existes en mi sueño Un sueño compartido quizás, pero

Deseo

El Deseo. Juego de niños en manos adultas.   No quiero, pero deseo No puedo, pero te deseo.   Del fuego que arde en las miradas, en los besos prohibidos en las caricias escondidas, se encuentra el peligro acechando de que ardan nuestras almas.   Y no es al diablo al que temo si no

Ondina

Acaso tus dedos no saben mi nombre No conocen mis lugares secretos Ni la textura de mi piel   Acaso tu respiración no sabe De mi alma De sus sueños, sus fantasías De su noche oscura   En cuantos parajes descansan Nuestros cuerpos Llevados por el deleite de las olas al mecerse   Cuantos luceros